Acompañar el sentimiento
de la población
es vital para las empresas

Gloria Calderon / @calderongloria
Comunicadora Social especializada en mercado digital, redes sociales, estrategia de negocios y comunicación corporativa

Entender el contexto venezolano es un maratón. Uno en extremo intenso. Segundo a segundo, hay que dar zancadas para no perder el hilo. Asimilar el mercado, en consecuencia, también implica afinar y afincar el paso. Y es aquí donde las empresas deben encontrar cómo sobrevivir para lograr cruzar la franja de meta.

Estamos en uno de los momentos más complejos para entender el mercado, apunta Luis Vicente León, presidente de Datanálisis. “Toda la atención de la opinión pública, de los consumidores y de los empresarios va más hacia la política que a las condiciones del mercado. Es un gran conflicto, que no solo se muestra en las protestas y la represión, o la propuesta de reforma constitucional del Gobierno para tratar de mantenerse en el poder, sino en el pensamiento de la gente”, explica.

León señala que “las grandes corporaciones extranjeras han cerrado prácticamente. La mayoría de los sectores masivos están recogidos”.

Agrega el economista que el pensar de los venezolanos está centrado en esa lucha, “en la participación, en el riesgo y en el temor. Cuando se está alrededor de esto, el entorno es difícil para el mercadeo y la publicidad, e incluso para la distribución”.

La percepción y la operatividad se vuelven una madeja. La mente de los consumidores tiene un interés distinto al del mundo promocional. La distribución se complica, aún más de lo usual, cuando los traslados en las ciudades son tortuosos, como lo han sido en abril y mayo de este año.

Cuestión de supervivencia
“Más que el debate específico de la Asamblea Constituyente, hay una realidad concreta: la economía vive la crisis más perversa en la que ha estado, fuera de una guerra”, señala León. La preocupación de las empresas actualmente es su supervivencia, en el medio de un entorno hostil.

¿Cuál es la proyección para el sector? La realidad seguirá signada por la ausencia de dólares, un precio del petróleo que no crece al ritmo esperado, una pésima relación con el Estado y el empobrecimiento dramático de los consumidores.

En Datanálisis desgranan algunos números: en 2016, la caída del consumo fue de 6% y para 2017 estiman su disminución entre 8 y 10%, con 700% de inflación. Por el lado del Fondo Monetario Internacional, un adalid de lo que algunos llaman “imperio”, los pronósticos son más desalentadores. Para 2017: 720,5% de inflación y 7,4% de retroceso del PIB. Para 2018: 2.068,5% de inflación y 4,1% de bajada en el PIB.

Preocupados por el precio
Según Consecomercio, en los últimos 10 años más de 500 mil empresas han desaparecido en Venezuela. Datanálisis no estudia este indicador, pero León señala que “las grandes corporaciones extranjeras han cerrado prácticamente. La mayoría de los sectores masivos están recogidos”. Da como ejemplo a los laboratorios farmacéuticos.

“Algunos que tenían más de 1.000 trabajadores, hoy tienen 20 o 40. Los laboratorios locales, que quizás son los que tienen mayores posibilidades, se han logrado mantener, pero perdiendo dinero”.

No obstante, las empresas que producen en bolívares y colocan sus productos en el mercado internacional en dólares, han sacado alguna ventaja.Es el caso de las chocolateras o las licoreras, argumenta.

¿Y por el lado del consumidor? La comida representa hoy más del 50% del presupuesto familiar, arroja la firma encuestadora. La mayor preocupación del venezolano es el precio de los productos. Luego el abastecimiento.

El Gobierno indica que los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) benefician a más de 6 millones 500 mil familias. “Solo la mitad de la población tendría acceso a esto, pero no es regular. Por lo tanto, ha tenido que comprar productos en el mercado negro, con un incremento de precio brutal”, acota el economista.

Estoy contigo
En este contexto tan rudo para Venezuela, en general, ¿qué opción tienen las empresas al momento de vincularse con el consumidor? ¿O acaso debe bajar su volumen?

Luis Vicente León esgrime su recomendación:

“Esta situación no es distinta a una de duelo. Las empresas tienen básicamente que aprender cómo acompañar a la población, sus sentimientos. La publicidad no se suspende porque hay una crisis. Lo que se cambia es el mensaje. No me refiero a la participación política, sino recordarle al consumidor que se está allí, haciendo los esfuerzos más grandes para mantener el producto,en los momentos difíciles”.

Señala como un ejemplo la publicidad institucional de Empresas Polar.

Moderar los mensajes es vital. Tienen que ser positivos. No una fiesta o una rumba de playa, que resultan disonantes. Esto es clave para generar identificación, para que con el envión de una nueva Venezuela, las empresas que continúen en el maratón de supervivencia logren cruzar la meta.

Recommended Posts

Leave a Comment

Start typing and press Enter to search